Todo tiene un porque, pero nadie sabe porque.
Sentir miles de detonaciones en el pecho, vestirse de lagrimas sin entender demasiado bien porque, recorrer un campo de minas que están a punto de explotar, y derrotar el miedo por el cual tu sentidos se refugian de unos cuantos errores. Despertar el silencio mas agudo y recurrir a un sin fin de caricias inofensivas, un salto en el vació y demostrar que tras un caída puede a ver una carretera de esperanza o la desilusión de un acto desconocido. Repercutir una salida por despecho de unos llantos que nunca llegaron a salir.
Filtrar una carga positiva en un alma que ni si quiera puede con la inocencia, y desgarrar una carga negativa en la que todo se descontrola y no ahí vuelta atrás, ni si quiera un pause, nadie tiene el botón de rebobinar pero si el de avanzar y reconstruir.
La intención que nos define por un momento y el arco-iris que no deja de reflejar que detrás de una carga enorme siempre tendrás algún motivo por el que sonreír.
Anclar una ilusión y morirse con ella, enterrarla contigo, llevarla por siempre, da igual lo insuficiente que parezca, nadie nos juzgo al nacer, ni debería importarnos los pasos que den al rededor nuestro. Subestimar lo subestimado o hacerse una pregunta a pesar de saberte la respuesta, interpretar que el corazón es tan solo el aparato que se encarga de mantenernos vivos y demostrar que nuestros actos son auto-reflejos que hacen trasmitir al resto.
Por eso nadie podrá descifrar la vida, pero si sentirla y vivir la.
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