El bucle del laberinto.
Ramito de romero, con la gitana que voltea su mano y el nudo en la garganta. La hoja en el reflejo de esos ojos, pero no hay oro en sus manos. Perdida entre la multitud, corre como la bala que quiere impactar, y no impacta, porque no alcanza la fruta de aquel inmenso árbol que brota y brota sin descanso. Se duerme entre las páginas de aquel libro de autoayuda bajo la inmensa lluvia ácida y, cuando despierta, se abraza al robusto e inmenso tronco como si sujetase su propia vida. Los pies magullados por la maleza de la naturaleza, los aullidos de los lobos; la luna aún no ha partido. Busca entre el viento y el sonido de sus propios quejidos un río donde poder mojarse. Se pierde entre los colores de las flores y los sonidos de aquellos pájaros que cantan, porque un día es menos cruel si se envuelve de magia. Pero la magia es solo el espejismo de un truco orquestado por el marionetista y su gran espectáculo de títeres. Entrando en pleno bosque, una quema de osos, lluvia de meteori...






